Alternativas de la mujer maltratada

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Para la víctima de violencia doméstica no siempre es fácil reconocer la situación a la que está sometida. Cuando la violencia es una pauta no cuestionada e incorporada a la cultura se tiende a verla de manera natural. Esto ocurre con mayor intensidad cuando la persona ha padecido violencia en cualquiera de sus formas en su hogar de origen. Si ese es el caso, la mujer debe saber que en ella existe una predisposición a aceptar pautas abusivas en su propia relación de pareja. Si el maltrato se ha instalado como forma de relación es importante dejar de lado las excusas, la justificación y la minimización y disponerse a ver la realidad aunque resulte doloroso o vergonzoso para ella. El silencio y el aislamiento son en sí mismos síntomas de maltrato y favorecen la continuación de los abusos. Comenzar a contar a otras personas lo que ocurre es de gran beneficio para la víctima; la exposición del problema hace que el maltratador se sienta descubierto y vigilado principalmente si se ha acudido a personas confiables y capaces de comprender y ayudar en este tema.
La mujer maltratada debe tener en un lugar seguro sus documentos de identidad, direcciones y números de teléfonos importantes, llaves y algo de dinero en efectivo, de manera que se le facilite irse de casa en caso de ser necesario. No debe temer el ser acusada de abandono del hogar ya que la figura de abandono no es aplicable a personas que huyen para poner a salvo sus vidas y las de sus hijos. Decidir cortar el ciclo de violencia no es el final, es solo el primer paso de la salida del problema. Es necesario recorrer un camino de reconstrucción de la personalidad que requiere apoyo y acompañamiento. Parte del proceso es la recuperación de la dignidad perdida y la sanación de la autoestima. Lo cual, no es algo automático sino un proceso largo y trabajoso, pero no imposible. El quedarse en el rol de víctima de manera indefinida lleva a la paralización de la voluntad, a no hacerse cargo de la propia recuperación. En ese sentido, se necesita asumir un rol más activo de autodefensa construyendo una red de protección que debería estar formada por la familia, amigos, iglesia, profesionales y autoridades. Todo con el fin de que la víctima desarrolle confianza en sus capacidades para recuperar su poder de autodeterminación.
Parte importante de la sanación lo juegan los hijos, que han sido víctimas pasivas de la violencia entre sus padres. Ellos también necesitan la restauración de sus personalidades y la instauración de modelos sanos de relación para evitar que repitan en el futuro el modelo abusador en que se criaron. Estos son algunos de los elementos en los que las víctimas deben enfocarse y no permitir que se les chantajee con el uso de un perdón mal entendido y aparentemente cristiano que, en realidad, solo es un mecanismo encubridor que facilita la repetición y fortalecimiento del ciclo violento. Perdonar no es lo mismo que tolerar. Se puede perdonar a alguien casi todo, pero no se puede ni se debe tolerar todo. El perdón cristiano es redentor y busca la transformación de las relaciones. Si tal cosa no es posible, se debe tener claridad de que existen límites que al ser sobrepasados convierten la ruptura de la relación abusiva en un imperativo cristiano para el bien de la mujer y de sus hijos.

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