¿Quién tiene la razón?

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POR JULY DE SOSA

El esfuerzo por aceptar ¿quién tiene la razón? Es sin dudas una de las mayores luchas que libramos, ya que todos en algún momento defendemos nuestra propia posición creyéndola la mejor. Este parece ser el principal motivo de amistades perdidas, iglesias divididas, sociedades fracasadas, matrimonios anulados, e incluso padres e hijos alejados. Lo cierto es que cuando de buscar ¿quién tiene la razón? Se trata debemos evaluar dos cosas que en la mayoría de los casos se ignoran. Lo primero es recordar que no somos “perfectos” al igual que nuestros pensamientos por ¡fantásticos e increíbles! que nos parezcan. La palabra de Dios escrita declara: No seas sabio en tu propia opinión y no te apoyes en tu propia prudencia. Es debilidad humana creernos sabios y perfectos en nuestro razonamiento;cuando la realidad es otra, porque ¿quién ha sido tan longevo para considerarse sabio?únicamente Dios el anciano de días.

Lo segundo que a menudo se ignora es que el problema no se resuelve buscando que nuestra opinión prevalezca, sino más bien aceptando y respetando los diferentes puntos de vista. Nada más sabio que eso, respetar la individualidad de cada uno, y trabajar en armoníapara dejar de discutir acerca de ¿quién de nosotros tienen la razón? Para ocuparnos en aportar cada uno lo mejor que tenga, logrando así el equilibrio que llevará a un común acuerdo. Como miembros del cuerpo de Cristo sabemos que todos somos importantes en él, aunque seamos diferentes, eso es lo que precisamente nos hace únicos.

En el tiempo que tengo buscando acuerdos en los diferentes roles que como mujer me toca ejercer, he llegado a una conclusiónYo no tengo la razón es más considero que nadie la tienen. La razón y la ultima palabra le pertenece únicamente al autor de la vida que es perfecto en todo. Recordar esto me permite disfrutar y aprovechar más los días que Dios me da, evitando caer en luchas infértiles por tener la razón. Permitiendo así que la razón de Dios sea la que prevalezca en , Juan el Bautista, conocido como la voz que clama en el desierto dijo: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

A veces para tener la razón debemos de menguar a nuestro propio razonamiento y permitir que Dios crezca en nosotros, acomodando todo lo que en nuestro esfuerzo por tener la razón, desacomodamos.

Si usted aun no renuncia a tener siempre la razón, le invito a que ¡comience ya! Le aseguro que disfrutará más sus días y será efectivamente más prospero en todas sus relaciones.

 

¡La paz del Gran yo soy sea con usted!

 

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