EL SUFRIMIENTO

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Juan 17:15 “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”

A nadie le gusta sufrir. Los cristianos hemos estigmatizado el sufrimiento como algo venido del Diablo y nos ponemos a reprender, echar fuera y hasta buscar exorcistas que nos ayuden a limpiar de malas “vibras” nuestras vidas.

Este escrito está dedicado a todos aquellos que están sufriendo alguna situación dolorosa, situación que les mueve su alfombra de comodidad y que no encuentran respuestas a su dolor o angustia. Quiero darle un vaso de agua fresca a quien esté atravesando un valle de sombra y muerte en su vida familiar, espiritual o matrimonial.

Porque sencillamente no entendemos el sufrimiento. Es más, lo llamamos “sufrimiento” porque nos duele. Nos lacera el alma y nos empuja a la desesperanza, pérdida de fe muchas veces y muchos apostatan de su confesión a Cristo. Se vuelven al mundo.

¿Para esto me convertí al Señor? se preguntan. He sufrido en el mundo, he sufrido en la casa de mis padres, desde niño no he dejado de sufrir humillaciones, desprecios y pobreza. Y ahora que me han ofrecido una tierra que mana leche y miel sigo encontrando en mi camino lágrimas, sinsabores y dolores. Mejor me vuelvo, como Ofra abandonando a Noemí a su tierra natal. No gracias, no quiero ir a Belen a sufrir lo mismo que he sufrido en Moab.

Muy bien. No soy un apologista del dolor. A mí tampoco me cae bien eso de sufrir situaciones que no deseo. Pero es el caso, mis queridos lectores, que el sufrimiento es parte de la vida. Es la cucharada amarga del camino del peregrino. El secreto está en saber para què sirve. Què quiere hacer de mí ese fantasma que se llama sufrimiento. Por què Dios, que es Bueno en gran manera permite que sus hijos sufran. Que una madre pierda a uno de sus hijos ensangrentado en medio de la calle.

Por què un matrimonio que parecía completo de pronto una mañana se encuentra que uno de los dos sale dando un portazo para ya no volver. Por què el banco después de ofrecerle ayuda para comprar su casa ahora se la quiere quitar. Por què Dios permite que su empleador en la entrevista le dijo que su empresa era el quinto cielo y cuando usted ya está dentro se da cuenta que es un hervidero de lujuriosos y lascivos con cuello blanco.

Por què tuvo que amanecer en el Hospital de niños en donde pasò toda la noche sin que atendieran a su bebe moribundo. Por què, por què, por què…

Bueno. Esto no es nuevo. Hubo en la historia de la humanidad un hombre que se hizo estas mismas preguntas. Las respuestas las encontró al final de túnel. Èl también tuvo que pasar por estas situaciones convexas de la vida. Vivir no es fácil. Hay un axioma que dice que en cuanto nacemos empezamos a morir. Pero hay algo cierto en todo esto: Dios sigue estando en control. El asunto es creer que Èl tiene todas las respuestas que necesitamos. El problema es que no siempre nos las dará cuando las pedimos sino cuando El quiere hacerlo. Por algo es Dios. Por algo es Rey. Por algo es Señor.

¿Què le parece? Jacob es un hombre que ha sido escogido por Dios para darle forma a una familia patriarcal. Son los doce hijos que luego formaron las doce tribus del pueblo de Israel. Sin embargo su vida no fue nada fácil. Como usted, Jacob fue formado en el yunque del dolor. Para conocer a su Dios tuvo que pasar las mismas cosas que usted seguramente ha pasado o está sufriendo.

¿Què tiene Jacob para enseñarnos con respecto al dolor? ¿Què tiene Jacob que decirnos con relación al sufrimiento vez tras vez? Veamos:

Salió huyendo de su casa a refugiarse con uno de sus tíos. Le salió mas mentiroso y tramposo que él mismo. En este periodo, la mujer que amó trabajando catorce años sin cobrar sueldo, se le fue de las manos al morir en un parto. Su hija Dina es violada por un pagano, su hijo Ruben se acuesta con una de sus esposas subiendo a su propio lecho, dos de sus nietos, Er y Onàn, hijos de Judà mueren por decreto divino, Judà, el hombre fuerte de la familia orquesta un plan para deshacerse de su hijo amado José. Su hijo José, mientras cumplía con una misión enviado por su padre, es vendido como esclavo en Egipto y a Jacob le hicieron creer que había sido muerto por las fieras del desierto. Todo esto empujó la vida de este patriarca a un periodo de oscuridad y desconcierto. Jacob tiene mucho que decir de la tragedia de vivir en un mundo como el suyo.

Vez tras vez, Jacob tiene que pasar el valle de sombra y muerte. Cada dìa se levanta sin saber què tragedia se estará fraguando en su contra. Y en medio de todo esto, no blasfemó ni dijo nada en contra de su Dios. Tuvo la fe suficiente de creer en sus promesas de que siempre estaría con él donde quiera que fuera.

Que estas lineas sirvan como consuelo para todos aquellos que puedan estar sufriendo, como dije al principio, un valle de sombras. Que estén atravesando un túnel que parece que no tiene salida. Dios esta con usted, querido lector, querida lectora. Dios lo ha prometido y Èl lo cumplirá. Jacob nos lo recuerda dìa tras dìa mientras se diga Israel.

Si usted esta atravesando un momento en que parece que una nube  negra se ha puesto sobre su vida y le oscurece el camino en el cual no logra ver el horizonte, este escrito es para usted. Espero haberlo ayudado en su caos y levantado a una nueva aventura de fe para el dìa de hoy…

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