La respuesta a un corazón violento: el evangelio

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Por: Pastor Javier Dominguez Iglesia Gracia Sobre Gracia

La sociedad salvadoreña está llena de diferentes manifestaciones de violencia: bullyng , ciberacoso, violencia al conducir, violencia en el lenguaje, abuso y violencia intrafamiliar, abusos laborales, agresividad en las redes sociales, memes, sarcasmo, propaganda negra, entre otras muchas expresiones.

Nuestra sociedad celebra la violencia. Es a la vez un flagelo y un ídolo cultural. Las películas, series de televisión y los videojuegos que contienen violencia son los más exitosos. Los héroes de nuestro mundo son los fuertes, los que se burlan, los que matan más en una película de acción, los que pelean mejor y someten a los demás.

Otra forma de violencia es la que ejercen los grupos y movimientos que exigen legitimar como derechos sus expresiones de lujuria y desenfreno, como los que abogan por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto, la pedofilia, las personas transgénero; entre otras perversiones a las que actualmente se les llama “derechos humanos”. Todas tienen algo en común: son reclamados como derechos y para hacerlo se hace uso de la violencia.

La violencia ocurre en cualquier estrato social, ambiente o zona geográfica. La ejercen hombres y mujeres, jóvenes, niños, autoridades, empleados…no es es exclusiva de un grupo humano. Esto se debe a que la violencia no es generada externamente, sino que surge en el corazón.  Lo que vemos en la sociedad no es más que la expresión colectiva de la maldad y el pecado en el corazón de los individuos.

La maldad genera pasiones, deseos perversos que quieren ser satisfechos, y el medio para satisfacerlos es la violencia. La violencia es el medio, el origen es la maldad. Por eso dice Santiago 4:1-2 ¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? 2 Codiciáis y no tenéis, por eso cometéis homicidio. Sois envidiosos y no podéis obtener, por eso combatís y hacéis guerra.

Ante esta realidad social como iglesia tenemos una enorme responsabilidad: vencer el mal con el bien. Rom 12:21 No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal. En lugar de lidiar con nuestro propio dolor, como es el caso de la venganza o la resignación, debemos trabajar por vencer la maldad en nuestra sociedad.

¿Cómo vencer la maldad con el bien?

Ama a los violentados: involúcrate con la salud mental, física, emocional y espiritual de los que sufren violencia. Estamos llamados a hablar, amar y asistir a las personas que sufren. No huyamos de los violentados.

Proclama el evangelio con paciencia y gracia: Noé predicó la justicia de Dios a un mundo lleno de violencia. Jonás predicó el arrepentimiento a una ciudad perversa. Jesús trajo la gracia y la verdad a un mundo lleno de maldad; predicó a pecadores, y acusado de comer con ellos le costó la vida. Como miembros de su iglesia estamos llamados a hacer discípulos.  Recordemos que detrás de todo acto de violencia hay maldad, y que dentro de toda persona violenta hay un corazón malo que necesita ser reemplazado; y el  único que puede transformar el corazón humano es Jesucristo. Solo Él puede redimir a un corazón violento.

 Permanece en Jesús: cuando sufras violencia en tu colonia, en tu trabajo, dentro de tu familia: permanece en Jesús. Dios te ha amado y te ama. No solo te salva sino que te sostiene.

Si has ejercido algún acto de violencia, arrepiéntete, acércate con confianza a Dios, Él te ha perdonado. “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”

Procura una vida justa que adorne tu proclamación del evangelio. Una sociedad violenta no solo necesita oír el evangelio, sino verlo en tus acciones. El evangelio no solo se oye, se observa. Los violentos necesitan ver la efectividad del evangelio. Perdona al que te ofende, aunque no vuelvas a confiar, perdona, y procura la paz. 1Ts 5:22 absteneos de toda forma de mal.


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