Linaje real

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1 Pedro 2:9 “Pero vosotros sois linaje escogido…”

Bueno, para empezar tenemos que comprender esta palabra que no está en nuestro vocabulario: “linaje”. Según la RAE significa “Ascendencia ilustre de una persona” Lo lamentable del caso es que a nosotros los evangélicos nunca se nos ha enseñado el significado de este cambio de estatus cuando venimos a los Pies de Jesus y lo declaramos nuestro Salvador y Señor.

En consecuencia seguimos viviendo nuestro propio estilo de vida mundano, carnal y común y corriente. Como que el síndrome de “oveja” social está tan pegado a nuestro carácter que no nos damos cuenta que cuando el Señor nos cambia de lugar posicional continuamos con nuestro viejo estilo de vida.

Y eso es lo que da vergüenza. Vergüenza ante el Señor y ante la sociedad que nos ve como personas comunes y corrientes. Creo que hay cierto orgullo mezquino en nosotros mismos como para parecer personas “normales”, para que no nos vean “raros” y nos juzguen. Y eso nos roba el privilegio de mostrar ante los demás que hemos sido transformados en otra clase de personas.

Personas con linaje. El Señor nos ha hecho una transfusión de sangre. Nos ha dado su Sangre para que nuestra vida sea cambiada en una vida con linaje real. Real porque venimos a ser parte de un Rey. Y nada menos que del Rey de reyes. Pero en la realidad no se ve. Nos siguen viendo como personas que tendemos la mano a quien nos pueda dar algo para nuestro sustento. Le seguimos tendiendo la mano a la sociedad de consumo para que nos acepten. Para que nos vean como parte de ellos.

Y eso niega la realidad de la Palabra de Dios y sus deseos de tener un pueblo diferente. Un pueblo que Èl ha escogido para que mostremos sus virtudes, para que le mostremos al mundo como es el Dios que salva, que justifica, que bendice y transforma.

Siempre he creído -porque a eso me ha llamado el Señor- que su evangelio debe ser algo que transforme. Algo que cambie los paradigmas que hemos recibido de nuestros padres o parientes. Cualquiera que haya estudiado un poco de psicología sabe que en nuestra niñez pasamos las primeras treinticinco mil horas aprendido para toda la vida. Fueron esas treinticinco mil horas las que han quedado tatuadas en nuestra alma y que para quitarlas o cambiarlas el evangelio de Cristo tiene un trabajo que durará todo el resto de nuestras vidas.

Lógicamente, si escuchamos Su Evangelio. No el evangelio del pastor. El que está de moda. El que enseña que no hay que ser exagerados. Que hay que tener cultos con luces, humos y rock alternativo para que los jóvenes vengan a la salvación. Esa enseñanza espuria que dice que los músicos del grupo de alabanza tienen que vestirse con pantalones rotos como si fueran mendigos pobretones. Ese evangelio que dice que no importa como esté usted, que Dios hará la obra de cambio sin que usted tenga que hacer nada. ¿Resultado? Personas sin ese linaje que el Señor ha puesto en aquellos que han recibido la salvación.

Esto nos lleva a otro punto: ¿Realmente estamos llevando a las personas a la salvación de sus almas? Lìderes: ¿Estamos enseñando la verdad de la Verdad? Para empezar por nosotros mismos. Creo que el efecto Pigmalión aún sigue vigente en todos nosotros. Necesitamos modelos que nos guíen y nos enseñen lo que tiene y debe hacer la Palabra que Jesus dejó para que la enseñemos a los nuevos creyentes. Si mal no recuerdo, eso fue lo que dijo en Mateo 28:20 “enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”

Pero tristemente lo que estamos enseñando es lo que se nos ocurre. Lo que copiamos de otros que suena bonito y gracioso. Enseñamos a contar chistes de velorio, bromas pesadas, lenguaje vulgar y palabras humillantes. Y el efecto Pigmalión entra en escena: Como el sacerdote, tal el pueblo.

La Iglesia le está fallando al que la fundó. Los lìderes y maestros le estamos fallando al Señor de la Iglesia. No estamos viviendo bajo un linaje que muestre que ya no somos los mismos que entramos por sus dinteles hace tiempo. No estamos dando ejemplos de cambio. Seguimos siendo los mismos que entramos sin darnos cuenta que nos observan los incrédulos y nos siguen viendo como gente necesitada, gente sin linaje, gentes no escogidas por Dios. Gentes no transformadas por la Palabra Viva de Jesus. Lástima, jóvenes. Les pido perdón porque sus lìderes y maestros no les estamos enseñado a guardar su pureza moral y mental. Les pido perdón, matrimonios, porque sus problemas de infidelidad es culpa nuestra. Les pido perdón, señoritas, porque no les estamos enseñando a guardar su linaje real, su nuevo estilo de vida. Y, disculpen la analogía, pero los muchachos las usan de guitarras: Cualquiera las puede tocar.

Soli Deo Gloria

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