El elefante

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Juan 4:13 “Respondió Jesús y le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed,
pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás…”

Después de estar casi un año en el Monte Horeb o Sinaí, el pueblo de Israel llegó a un lugar cerca de la orilla del rio Jordan, frontera entre el desierto y la tierra prometida. ¿Su nombre? Cades-barnea. Era un oasis delicioso, buenos pastos, tierras fértiles y abundante agua para sus ganados. Era un espejismo para algunos de ellos. Tanto que dos tribus y media se quedaron a vivir allí en vez de entrar a poseer su porción al otro lado en donde estaba la leche y la miel que Dios les había prometido allá en la salida de Egipto. Pero ellos se estancaron en ese lugar. No quisieron arriesgarse a ir màs allá. Se acomodaron a lo bueno y dejaron lo mejor.

Cuando una de nuestras nietas -Mandy-, era aún muy niña, mi esposa y yo la llevamos a un circo que había venido a la ciudad y tuve el deseo de darle una sorpresa: Por unos cuantos dólares, subirla a un elefante domesticado para que experimentara ese gusto. Ver su cara de emoción y suspenso fue un deleite, algo inolvidable. Por allí debe estar la foto que le tomamos. Cuando bajó del pequeño paseo (apenas unos pasos del inmenso animal), Mandy me hizo una pregunta: “Patito (ella me cambió el nombre, así son los nietos), ¿y ese elefante por qué no se escapa?

Buena pregunta. Era evidente que una bestia tan grande tenía la fuerza suficiente como para derribar una pequeña empalizada de madera como la que tenía como cerco, sin hacer mucho
esfuerzo. Cualquiera pensaría que hasta un elefante tonto tendría que saber que afuera hay cosas mucho màs atractivas de las que estaba experimentado allí dentro del circo, comiendo el mismo alimento, comida tras comida y dìa tras dìa. Con un solo tirón, si lo hubiera sabido, Dios tenía para èl la libertad para lo que lo había creado. Pero no tenía conciencia de eso. Se había conformado a quedarse atado a un pequeño pedazo de cadena a una estaca ensartada en el suelo.

Deberíamos hacernos la misma pregunta que hizo Mandy sobre el elefante y aplicarla a las ovejas. ¿Por qué nosotros, como pueblo de Dios -con tanto poder divino y tanta capacidad interior-, no derribamos los límites que nos impiden experimentar la plenitud de una relación abundante con Èl? ¿Qué nos impide atravesar las cercas que nos separan de la libertad con Èl? De verdad, es una buena pregunta.

Usted sabe a qué me refiero: Se oye de otras personas que hablan de lo vibrante que es su andar con Cristo pero tal vez su experiencia sea, en el mejor de los casos, la màs irregular y errática. Lee que hay promesas tan poderosas en la Palabra, se compromete vez tras vez a aplicarlas en su vida pero parece que nunca puede llegar a ver que se cumplan. ¿Que sucede? ¿Está demasiado asustado? ¿Es demasiado arriesgado? ¿Demasiado difícil? ¿Demasiado desconocido? ¿Por qué quedarse detrás de la cerca cuando todo lo hermoso del Señor está detrás de esa cerca de la comodidad, de la rutina y del óxido de la religión?

Hay un desafío para nosotros mis queridos amigos y hermanos: empezar a arrancar esos eslabones de cadena que nos tienen atados a un pedazo de tierra que nos obligan a vivir como el dueño de este “circo” (cualquier cosa que sea), y avanzar a la plenitud de vida abundante que nuestro Creador hizo para nosotros.

Como los israelitas que se quedaron dando vueltas por 39 años en Cades-barnea, viendo desde lejos la promesa de una vida abundante y libre cada vez que pasaban por la orilla de la frontera, muchos de nosotros estamos dando vueltas a lo mismo. La misma religión. La misma vida aburrida y oxidada de ir cada domingo a la iglesia y cumplir un rito que ya no tiene nada de emoción, nada de vibrante, nada de emocionante. Como el elefante de mi historia, estamos muchos atados al pasado, a la rutina exasperante de no tener las fuerzas para salir a disfrutar de un buen dìa de sol ante la Presencia de nuestro Dios que nos espera cada dìa.

Liberèmenos entonces y no permitamos que la vida mediocre nos obligue a que otros se suban sobre nosotros para una foto para el recuerdo.

SOLI DEO GLORIA

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