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viernes, septiembre 18, 2020

La liberación

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Juan 8:36: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”

¡Nosotros no nacimos esclavos! le respondieron a Jesus los fariseos de su tiempo. Ellos alegaban que eran hijos de Abraham, por lo tanto, habían nacido libres. Jesus los cuestiona con otros argumentos que -al igual que nosotros- ignoraban que sí estaban esclavizados por un sistema religioso que los tenía bajo el yugo de su ley y tradiciones.

No podían comer sin antes lavarse cuatro o cinco veces las manos, los brazos y los antebrazos. No podían comer sin antes dejar escurrir el agua para estar completamente limpios. No podía tocar a su esposa cuando acababa de dar a luz a su hijo. No podían esto, no podían lo otro. Estaban, los fariseos y por ende nosotros, esclavizados a muchas costumbres que nos destruían no solo la fe sino también la vida. La esclavitud del mundo nos consumía tanta energía que llegada la noche no teníamos fuerza màs que para sentarnos a ver televisión hasta altas horas de la noche. Y a veces, todo esto acompañado de un par de tragos de licor para poder conciliar el sueño.  ¿Y éramos libres, realmente? Lo dudo.

Pero no era eso solamente. Porque la esclavitud estaba siendo dirigida por un enemigo en común. Satanàs tenía el poder sobre nuestras vidas y voluntades. Su terreno era nuestra mente y nos mantenía subyugados bajo su bota ingrata para hacernos obedecer sus instrucciones que nos llevaban màs y màs hacia la bancarrota moral y espiritual. Tanto el pueblo de Israel en Egipto como nosotros en el mundo actual, estábamos bajo el mismo sistema. Si es que no lo estamos aún.

Entonces, no hace falta que le diga que hay lugares donde el enemigo gobierna y todavía y que algunos de ellos pueden ser sitios donde continúa dando vueltas.  Tal vez está envuelto una relación que constantemente le pide que comprometa sus convicciones cristianas, pero parece que no puede dejarla.  Son esas relaciones tóxicas que le asfixian y le roban energía, le roban su pureza y le dañan sus pensamientos. Sigue mirando las mismas películas y los mismos programas de televisión, semana tras semana, continúa leyendo esos libros y revistas que seducen su mente y la alejan de la pureza de los ideales de Dios, y  siempre le dejan un poquito màs disconforme con su condición actual en la vida.  Tal vez esta atado a un hábito en particular que constantemente le impide escapar de los límites de tierra gobernados por Satanàs.

Sin duda, el objetivo de la esclavitud egipcia no era meramente dañarles el cuerpo y hacerles trabajar.   La intención era destruir el espíritu de las masas israelitas, para minimizar así toda amenaza de resistencia o contragolpe.  El dolor físico era solo el medio para conseguir el fin deseado: la humillación de toda una raza de personas, que sirviera generación tras generación a fin de satisfacer los propósitos y los caprichos de su captores. Eso fue lo que heredamos de nuestros padres. “Si no trabajo, no como” fue la frase que nos inculcaron desde niños. “Estudia para valer algo” fue otro estigma que se clavó en nuestros corazones. Y eso, sin ser una mala intención de nuestros progenitores, se volvió nuestra bandera de vida. Y ahora, que estamos en Cristo, seguimos viviendo bajo ese paradigma.

Faraòn procuró separar al pueblo de Dios de toda asociación con Jehovà y de su historia con Èl, incorporarlo a la manera egipcia de pensar y disuadirlo de vivir como si alguna vez hubiesen conocido al Señor.  Seguramente esto hizo que quienes manejaban a los esclavos descubrieran todo lo posible respecto a los hombres y mujeres maltratados que tenía a su cuidado, así, se encargaban de imponerle a cada persona desafíos específicos y a medida, logrando que se intensificará el dolor de aplicarlos sobre todo punto débil disponible.  La esclavitud no era un decreto vigente un solo dìa.  No pasaba una jornada sin el constante aguijoneo del comisario de tributos que les exigía ser dóciles y desafiar a su Dios, y que los instruía  en las costumbre y la mentalidad egipcia.

¿No le parecen conocidas estas frases, querido lector? Estábamos bajo la esclavitud del mundo y ni cuenta nos habíamos dado. Trabajando de sol a sol por un salario que no llega a subir ningún presupuesto, llenos de deudas bancarias, deudas morales y espirituales.

Pero llegada cierta fecha, había celebración y Satanàs nos endulzaba el oído haciéndonos creer que estábamos en libertad de disfrutar nuestros gustos. Aunque después nos enfermábamos a causa de los desatinos de nuestra conducta.

A eso vino Jesus: A liberarnos. A comprarnos a precio de Sangre para darnos la verdadera libertad que el mundo nos ofrecía bajo el engaño de lo material. Solo Jesus liberta. Solo Jesus da vida. Solo Jesus rompe cadenas. Solo Èl.

SOLI DEO GLORIA

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