¡Me quitan mis hijos…!

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2 Reyes, 4:1 “…y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa”

Hay que ser padres muy desalmados para que no les importe cuando un hijo o hija se va de la casa llevado por sus impulsos de libertad mal concebida o por la mala influencia de sus amigos. Y de eso tenemos bastante en nuestra sociedad salvadoreña. Cientos o miles de jóvenes dejan su casa por ir a la calle a buscar lo que debieran encontrar dentro de sus hogares, al lado de sus padres y madres que los trajeron al mundo.

La figura del padre en la paràbola del hijo que se va de casa es impresionante: El hombre queda con màs preguntas que respuestas, hasta que pasado el tiempo se da cuenta de lo que su hijo querido ha ido a buscar a la pocilga: Abrazos. Palabras de afirmación. Alguien que lo hiciera sentir importante. Alguien que le celebrara sus buenas obras.

Es por eso que el padre, cuando lo ve aparecer en lontananza, corre a recibirlo y sin señalarle nada de su aventura lo abraza, lo besa y le ofrece hacer su primera fiesta de celebración.

¿Que buscaba ese joven en la calle? Lo mismo que buscan nuestros jóvenes hoy en dìa: un Padre que les ame. Un padre que les de no solamente un celular con acceso a internet, sino principalmente que lo haga sentir amado, respetado y tomado en cuenta. ¡Que por lo menos le pongan un pastel de cumpleaños, pues! Y, por sobre todo, que tenga los pantalones bien puestos para corregirlo. Para enseñarle el camino correcto y que no le tenga miedo.

En la historia del profeta Eliseo esta escondida toda una serie de eventos para que esta madre esté angustiada por el inminente secuestro de sus hijos. El padre, que parece que era creyente, murió. Y en vez de dejar una buena herencia a sus hijos lo que dejó fueron deudas. Siempre me ha asombrado como esta mujer dice que su difunto esposo era (y cito) “Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al SEÑOR” Pregunta, respetables lectores: Si era temeroso del Señor, ¿por qué murió dejando deudas? ¿Como fue que un hombre “temeroso” de Dios en vez de esperar en las promesas de provisión del Señor contrajo deudas y dejó en problemas a sus herederos? O quizá deba preguntar: ¿Que clase de deudas dejó a sus hijos? ¿Morales? ¿Éticas? ¿Matrimoniales? La Escritura no nos define eso, pero si aplicamos el principio PaRDeS, lo que sigue quizá nos pueda servir.

El profeta le pregunta a la mujer: ¿Qué tienes en casa? ¿Qué tienen tus hijos en casa para que los acreedores, los pandilleros, los malandrines te los quieran quitar? Vengamos a la interpretación simple: Ah, señor Profeta: en mi casa tengo nintendos, televisores plasma, tabletas para que mis hijos se entretengan, tengo una que otra computadora con internet para que naveguen lo que quieran, tengo… mmmm revistas pornograficas. En la habitaciòn de mi niña hay algunas minifaldas, mucho maquillaje francés, zapatos a la moda y mùsica heavy metal. En las paredes hay pósters de músicos endiablados y en sus teléfonos chatean con quien quieren. Porque, sabe usted, Señor profeta, que yo no me puedo meter en sus cosas porque me gritan y me prohiben que les registre sus habitaciones.

Está bien, teólogos. Sè que estoy haciendo una interpretación muy personal de estas líneas de la madre y el profeta. Quizá me estoy saliendo del protocolo de interpretación, pero no puedo dejar de analizar desde mi punto de vista familiar que algo falló en esa casa para que ahora los hijos de esta mujer están siendo amenazados con ser llevados cautivos y esclavizarlos ¿a la delincuencia? ¿A las drogas o vicios? ¿Al fracaso matrimonial? ¿Al fracaso empresarial?

No podemos hacernos de la vista gorda o mirar hacia otro lado con las cosas que estamos viendo en nuestras congregaciones incluso, en donde muchos jovencitos tienen sus relaciones románticas antes del tiempo, ya que no saben lidiar con sus pasiones y emociones. El grito de auxilio de esta mujer de la Escritura es el mismo grito de muchas hermanas que se congregan y cantan coros y sirven en la Iglesia pero sus hijos están siendo llevados, las niñas, a la cama de algún desalmado que las engaña con falsas promesas y a los muchachos al homosexualismo en donde les ofrecen placeres carnales que los denigran. Todo porque en el hogar está haciendo falta un padre que sepa ser padre. Un padre que no le deje deudas de ninguna clase a sus hijos. Un padre que arregle bien su casa antes de querer arreglar asuntos espirituales fuera de ella. Un padre que sepa guiar a sus hijos por el camino de la ética, el respeto hacia los demás y el respeto a sí mismos. Especialmente, el respeto hacia Dios.

Soli Deo Gloria

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